Justo al oeste de las sierras onduladas cubiertas por chaparrales de Carmen Mountain Preserve y cerca de la punta norte de San Diego, se encuentra la escuela primaria Ocean Air. Esta escuela alberga a aproximadamente 500 alumnos, es muy pintoresca con sus techos azules, palmeras y colorido patio de juegos que se desdibuja contra las prolijas filas de casas millonarias.
De las casi 800 escuelas con las que cuenta el condado de San Diego, los alumnos de Ocean Air obtienen los mejores resultados en las pruebas estandarizadas de matemáticas. Casi el 91 por ciento de los alumnos de la escuela alcanzan o superan los niveles estatales. En inglés, están quintos a nivel condado con el 89 por ciento de los estudiantes alcanzando o superando los niveles estatales, de manera que esto resulta en un 55 y 42 por cierto superior a los promedios de California en matemática e inglés respectivamente.
Pero en otra métrica, Ocean Air es por lejos la última a nivel condado: en el porcentaje de alumnos que califican para almuerzos gratuitos o a precio reducido, con solo un 3 por ciento.
Resumiendo, las familias de Ocean Air tienen dinero.
Si usted considera que estos hechos son coincidencia, no es así. Desde hace tiempo que las investigaciones demostraron que la pobreza y el resultado educativo están relacionados, con el aumento de la pobreza el resultado disminuye y viceversa, lo cual se repite si miramos otros indicadores educativos como el ausentismo crónico.

“La evidencia es abrumadora” me comentó en una ocasión Stephen Krashen, profesor emérito de educación de la Universidad del Sur de California. “La pobreza es probablemente el factor más determinante en el resultado estudiantil.”
Kevin Welner, director del Centro de Políticas Educativas de la Universidad Nacional de Colorado me dijo “podemos predecir con certeza el resultado académico de los chicos basándonos en la pobreza”.
Tiene sentido que las escuelas como Ocean Air se destaquen, lo que sucede con la mayoría de las escuelas con alumnos de buen pasar económico.
Existen muchas razones para este antiguo desequilibrio y muchas son de sentido común, familias con bajos ingresos tienen menos oportunidades de poder pagar tutores en caso de tener un niño que se atrase, padres que trabajan en varios empleos y tiene menos tiempo para estar en casa con sus hijos y ayudarlos en las tareas escolares, niños que no tienen vivienda estable que les dificulta el hacer las tareas o que tienen problemas de comida con lo cual el hambre hace difícil enfocarse en la clase, y así se pueden seguir enumerando más limitantes.
También existe una cruel simetría a esta correlación porque según amplias investigaciones, una de las maneras de terminar con la pobreza generacional es con la educación. La educación es una poderosa fuerza que puede predecir en dónde terminan sus vidas estos niños, lo que es peor, mientras algunas escuelas pueden evitar esta tendencia, muchas veces les piden que hagan milagros cuando los niños con los que trabajan tienen muchas cosas en contra, comenta Welner.
“No podemos castigar a los niños fuera de la escuela privándolos de una vivienda estable, seguridad y atención en salud y pretender que las escuelas cubran todas las deficiencias y que arreglen los problemas” nuevamente comenta.
El solucionar muchos de los desafíos a los que se ven enfrentados estos estudiantes implicaría una completa reorientación de la sociedad o de las escuelas, algo que hoy en día está fuera de alcance. Pero, algunos esfuerzos se han hecho para cubrir estos espacios como lo son las escuelas comunitarias, escuelas que ofrecen recursos y servicios adicionales a estudiantes y sus familias, como atención en salud o asesoramiento.
No existe la solución mágica para el éxito escolar, pero escuelas como la Primaria Edison desde hace tiempo demuestran que existen maneras de ayudar a mejorar a los chicos con historias complicadas. Aunque muchos de los estudiantes de Edison provienen de familias con bajo nivel de ingresos, los estudiantes han tenido durante años buenos rendimientos. La potente mezcla académica de maestros comprometidos con años de experiencia, deseosos de evolucionar y en los que confía la comunidad, un alto nivel de exigencia, confianza en los datos y colaboración entre todo el personal, son parte del éxito que ha logrado esta escuela desafiando a la inercia educativa.
Estas estrategias dentro de la escuela también fueron copiadas en los cinco principios para mejorar una escuela, desarrollado por investigadores de la Universidad de Chicago. Estos principios incluyen un liderazgo que genere cambios, ambición, instrucción, instructores talentosos deseosos de aprender y cambiar y un ambiente escolar acogedor.
El quinto apoyo y probablemente el factor de mayor importancia es usted, el padre o madre. El tomar un rol activo en la educación del niño es esencial, más allá de su origen y situación. Pero por razones obvias, el involucrase no va a ser lo mismo para cada familia, no todos los padres tienen tiempo de participar de la PTA.
Entonces el tener un rol activo puede significar trabajar junto a su hijo en los primeros programas educativos que los pueden ayudar a salir adelante, como el transitional kindergarten (jardín de infantes transicional), asegurar que asista a clases de manera regular, manteniéndose involucrado en las tareas del día a día o inclusive inscribiéndolo en programas enriquecedores para después de clases o en la escuela de verano.
Desde el lado que lo miren, el rol de los padres es esencial para lograr que los niños se encuentren lo más preparados y así tener éxito en la escuela y lo que el futuro les depare.
