Henry Cole, 5 years old (right) and Rhett Sammons (center), 4 years old, both UTK students, walk to Stephen C. Foster Elementary School with their mothers on Jan. 30, 2023.
Henry Cole, 5 years old (right) and Rhett Sammons (center), 4 years old, both UTK students, walk to Stephen C. Foster Elementary School with their mothers on Jan. 30, 2023. / Photo by Ariana Drehsler

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Cuando el año pasado el estado publicó los datos escolares postpandemia sonaron todas las alarmas. Fue nuestra primera mirada sobre dónde estaban parados los niños con respecto a la educación habiendo pasado por años de instrucción virtual… y fue desolador. Los datos demostraron que el desempeño de los estudiantes, en los resultados métricos como pruebas estandarizadas estatales, habían sido significativamente peores y en casos como el de San Diego Unified implicaron años de mejoras absolutamente perdidas.

Pero menos atención se le prestó a un tema íntimamente relacionado, aunque debatible, y muy preocupante, el del ausentismo crónico. Se considera ausentismo crónico cuando un estudiante está ausente al menos a un 10 por ciento de los días de clases. Las estadísticas a las que tuvimos acceso llegaron a niveles nunca antes vistos.

Justo tres años antes de la pandemia, los niveles de ausentismo crónico a nivel del condado estaban en un 11 por ciento, pero el año pasado casi llegaron a triplicarlo con un 28 por ciento, demostrando que en tres años casi 80,000 nuevos estudiantes estuvieron crónicamente ausentes.

El efecto de la ausencia a la escuela es muy severo, no solo pierden dinero las escuelas solventadas por el estado, sino que los chicos pierden invalorable tiempo de instrucción.

Los investigadores demostraron que el tiempo perdido en instrucción no solo daña el rendimiento académico, sino que también afecta la tasa de abandono escolar. Los investigadores relacionaron estas tasas de deserción escolar a una secuencia de resultados negativos a largo plazo.

Backpacks hang on the wall outside a classroom at Madison Elementary School in El Cajon on Nov. 9, 2023.
Backpacks hang on the wall outside a classroom at Madison Elementary School in El Cajon on Nov. 9, 2023. / Photo by Ariana Drehsler

Para contrarrestar este aumento. las agencias educativas locales implementaron una batería de intervenciones como programas de visitas a los hogares, desafíos de asistencia con premios como fiestas de pizzas y mayor educación para padres sobre los efectos del ausentismo crónico.

Pero a pesar de estas intervenciones, fue difícil determinar si fueron útiles. En octubre, el último lote de datos escolares postpandemia fue entregado y aquí les brindamos lo bueno, lo malo y lo feo de lo que aprendimos.

Lo bueno: el ausentismo crónico descendió

Entre 2021 y 2022, el ausentismo crónico bajó un cinco por ciento a nivel del condado, de 28 a 23 por ciento. Esto quiere decir que el número de alumnos ausentes de manera crónica en el condado descendió en 25,000 chicos desde el año pasado a este. Algunos de los más importantes abandonos estuvieron entre los estudiantes pertenecientes a grupos demográficos como el de negros, latinos y estudiantes de las islas pacíficas.

Todd Langager lidera la red de la Oficina del Condado de San Diego dedicada a la mejora del ausentismo crónico. La red se asocia con las escuelas distritales del condado para implementar estrategias basadas en las evidencias con el fin de combatir el ausentismo crónico.

“Estamos yendo en la dirección correcta, tanto a nivel estatal como del condado de San Diego” comenta Langager. “creo que esto es algo para festejar”.

Normalmente, el condado de San Diego tiene mejores resultados en muchas de las mediciones educacionales en comparación con el resto del estado, inclusive con respecto al tema del ausentismo crónico que en este caso el número del condado está casi un dos por ciento por debajo del promedio de toda California.

Estas bajas no son fáciles de lograr, muchas escuelas, algunas con la asistencia de la red de Langager, implementaron estrategias creativas, como la entrega de mochilas, el envío de notas a padres y también actividades consistentes que promueven la asistencia.

Las estrategias como éstas generalmente se dividen en tres niveles, el primero incluye amplias estrategias destinadas a mejorar la cultura del campus e impactar en todos los estudiantes. El segundo, es más preciso y destinado a estudiantes crónicamente ausentes y el tercer nivel, es el más especializado e implica el encontrar soluciones personalizadas para los estudiantes con ausentismo crónico y severo.

Según los expertos estos niveles son esenciales porque el encontrar la solución adecuada es fundamental para lograr un impacto. Después de todo, no se le puede ofrecer muletas a quien tiene un brazo roto.

Henry Cole, 5 years old (left) and Rhett Sammons, 4 years old, (center) both UTK students, walk to Stephen C. Foster Elementary School with their mothers on Jan. 30, 2023.
Henry Cole, 5 years old (left) and Rhett Sammons, 4 years old, (center) both UTK students, walk to Stephen C. Foster Elementary School with their mothers on Jan. 30, 2023. / Photo by Ariana Drehsler

Lo malo: las tasas todavía están preocupadamente altas

A pesar del pequeño descenso en la tasa total de ausentismo crónico del condado, todavía se encuentra al doble de lo que era antes de la pandemia. Esto es un problema, comenta Langager.

“Todos nosotros coincidimos en que tener uno de cada cuatro estudiantes del condado de San Diego ausente de manera crónica es todavía un nivel muy alto” dice Langager.

Heather Hough, directora ejecutiva del grupo de investigación Policy Analysis for California Education, concuerda con esto. El grupo de legisladores de California le encomendó a su grupo, el cual incluye a la Universidad de Stanford y a la Universidad de California, investigar los factores detrás de las altas tasas de ausentismo crónico.

Cuando las escuelas se abrieron a la presencialidad luego de años de enseñanza virtual, los estudiantes faltaban a una cantidad significativa de clases debido a infecciones causadas por Covid y cuarentenas. Hough considera que algunas personas pensaron que una vez superadas las ausencias por Covid esto iba a cambiar para mejor.

“El hecho de estas mejoras marginales en el nivel de ausentismo es algo que no va a cambiar salvo que se intervenga de manera seria” comenta Hough.

Una intervención seria es difícil ya que cada familia atraviesa alguna situación particular y diferente, lo cual según Hough esto lo hace “un complejo tapiz” a interpretar. Para algunos, las ausencias pueden estar relacionadas con necesidades esenciales como la falta de transporte o ropa limpia, mientras que para otros pueden ser debido a una falta de sentido de pertenencia. También existe la posibilidad de que haya padres que después de la pandemia están menos deseosos de mandar a sus niños de nuevo a la escuela cuando tienen algún tipo de dolencia.

Hough también considera que durante la pandemia hubo un cambio cultural. Antes, para algunas familias, el asistir a la escuela era algo que no se discutía, pero hoy en día hay familias que se plantean la necesidad de la escuela para sus hijos o si les conviene tomarse un día para mejorar la salud mental o descansar. Mientras que algunos desafíos están fuera del control de los distritos escolares, otros no, como lo es la creación de curriculas atractivas o el fomentar un sentimiento de pertenencia que motive a los chicos a asistir a las escuelas.

“Esto es urgente y la recuperación no es rápida, de hecho, está yendo muy lentamente. Tenemos que mantenernos activos y preocupados para realmente asegurarnos llegar a la raíz del problema y saber que estamos trabajando bien en ello” comenta Hough.

Lo feo: la disparidad familiar existe en las tasas de ausentismo crónico

Cuando a datos educacionales nos referimos, las disparidades no nos sorprenden. La pobreza se relaciona de manera muy cercana con los resultados académicos y lo mismo sucede con el ausentismo crónico. Inclusive antes de la pandemia, los niños pertenecientes a comunidades menos acaudaladas y estudiantes de color tenían más posibilidades de estar ausentes a clases. Luego de la pandemia, las tasas de ausentismo fueron altísimas. Ha habido una mejora en el último año, pero las tasas siguen siendo elevadas.

Hedy Chang, directora ejecutiva de Attendance Works, se concentró en luchar contra las inequidades educativas atacando primero el ausentismo crónico, relacionando el alto ausentismo con las inequidades existentes.

“Siempre supimos que los chicos más acaudalados cuentan con más recursos para compensar la pérdida de oportunidades de aprendizaje en el aula” dice Chang. Las investigaciones demostraron que los estudiantes menos acaudalados sufren de mayor manera el ausentismo crónico.

Pero hay otra disparidad en donde el ausentismo crónico nos sorprende. Durante años los niños de jardín de infantes han estado ausentes en mayor medida que los de los otros grados pero la postpandemia llevó a esto a niveles descomunales. Mientras que el promedio del ausentismo crónico a nivel condado está casi al doble de lo que era antes de la pandemia, la tasa en el caso del jardín de infantes se triplicó. Esto son malas noticias.

El atrasarse en los primeros grados puede descontrolarse y llevar a perder conocimientos esenciales asociados al futuro éxito académico,  como lo es el poder leer en tercer grado. Ya que el ausentismo crónico es el indicador número uno de un futuro ausente crónico, es probable que todavía no podamos medir el impacto de lo sucedido.

“Lo que más me preocupa de estos datos es que deben haber muchísimos chicos que durante la pandemia estuvieron en esenciales grados de transición a los que deberíamos prestarles una atención especial” dice Chang.

“Todavía no hemos visto el total de las consecuencias”.d

Jakob McWhinney is Voice of San Diego's education reporter.

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